Problemas de diseño: ajuste del monitor y color de impresión

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Problemas de diseño: ajuste del monitor y color de impresión

A la hora de diseñar un producto de impresión hay que tener siempre presente una regla capital: el monitor no es papel. No son lo mismo una luz transmitida a través de un monitor que unas tintas impresas sobre un papel. Y sin embargo esa obviedad puede olvidarse cuando el diseñador está frente a la pantalla, diseñando y eligiendo colores que después es muy fácil que, sobre el papel, nos defrauden por no ser exactamente iguales a como los habíamos observado en la pantalla. Lógicamente, lo ideal sería que lo mostrado por el monitor se ajustara de la manera más fidedigna posible a la imagen definitivamente impresa. La exactitud, lógicamente, no existirá, pero sí es posible elegir el software adecuado y ajustarlo al máximo para, así, acercarnos todo lo que podamos a ese nivel de equivalencia entre la imagen del monitor y lo impreso.

Trabajar con un monitor adecuado y debidamente calibrado que nos asegure ver toda la gama cromática de una manera perfecta es importante para evitar discordancias finales. También lo es trabajar con una iluminación ambiental correcta. Evitar reflejos en la pantalla del ordenador y que la luz sea semejante a la luz solar serían, también, condiciones ideales para poder trabajar el color en pantalla.

Otro consejo importante a la hora de enfrentarse a la pantalla para proceder al diseño de algo en color que después deberá ser impreso es tener en cuenta el color de fondo de escritorio. Aunque pueda parecer soso o aburrido, es mejor un fondo de escritorio gris que uno muy colorido. Sin darnos cuenta, ese fondo colorido va intoxicando nuestra mirada y puede conducirnos a cometer errores en la apreciación del color. Por ejemplo, basta con mirar durante un tiempo algo color verde brillante y mirar de repente una hoja en blanco para distinguir en esa hoja un leve (e inexistente en la realidad) tono rosáceo.

Calibración del monitor

El monitor debería ser calibrado con un colorímetro. Tras ser calibrado, se crearía un perfil RGB personalizado para dicho monitor. La calibración no es un capricho del diseñador. Gracias a ella se conseguirá que el blanco sea blanco, el negro se corresponda verdaderamente con el negro y cada uno de los colores primarios sean, verdaderamente, colores primarios. La calibración, para ser efectiva, debe realizarse cada cierto tiempo de uso. Una pantalla LCD, por ejemplo, debería calibrarse cada 200 o 250 horas de uso para garantizar la calidad del trabajo. Si no se puede disponer de la opción del colorímetro o no se desea invertir algo de dinero en esa opción, puede trabajarse con las utilidades como Adobe Gamma o limitarse a usar los perfiles propios de RGB que aporta cada programa. En cualquier caso, cuando los perfiles proporcionados por el monitor ya no aportan unos valores razonables, el monitor debe ser sustituido por otro. No hacerlo supone arriesgarse a llevarnos desagradables sorpresas cuando el color que nos haya fascinado en pantalla sea impreso sobre papel.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el de utilizar en la impresora el papel y la tinta recomendados por el fabricante. La tentación de ahorrar siempre está ahí, pero hay que tener en cuenta que los fabricantes han realizado los oportunos estudios de investigación en la creación de pigmentos y colorantes y de los sustratos con que aquéllos se mezclan para, de ese modo, encontrar el nivel óptimo de funcionamiento del dispositivo impresor. Ahorrar en recargas puede implicar, tranquilamente, no obtener los resultados deseados.

Mantener los perfiles propios de la impresora es, también, muy conveniente. Y que estos perfiles se correspondan al máximo posible con los del monitor es, también, fundamental para no llamarse a engaño a la hora de llevar al papel el color visto en la pantalla.

A pesar de todas estas prevenciones (a pesar de impedir reflejos, de calibrar monitores e impresoras, de utilizar los tóner y el papel recomendado por el fabricante, etc.) hay que ser conscientes de que lo que finalmente surja del proceso de impresión será, en el mejor de los casos, una fiel aproximación a lo que hemos diseñado y visto en pantalla. Por eso se recomienda y se considera de capital importancia la realización de las llamadas “pruebas de contrato”. Ellas, aprobadas por el cliente, determinarán el nivel a que debe ajustarse el producto impreso.

La prueba de contrato debe mostrar perfectamente cómo quedará el producto final tanto a nivel de contenidos como a nivel de color. El impresor tiene la responsabilidad de ajustarse a eso. Después de todo, eso será lo que espere el cliente.

Para firmar las pruebas de contrato hay que tener en cuenta que lo ideal es comprobar la prueba con unas condiciones de luz que sean semejantes a las que se den en el lugar de impresión. Con ello se reducirá el fenómeno conocido como metamerismo. Este fenómeno consiste que el mismo color, visto desde posiciones distintas o bajo condiciones lumínicas diferentes, presenta apariencias distintas.

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